El amor es una pequeña palabra que encierra una carga inmensa de pasión y de valor emocional. Nada se compara con este sentimiento, pues sólo lo siente quien es capaz de abrirse y atreverse a vivirlo. Como ya te señalé en líneas anteriores, el amor es para mí; aquel sentimiento impoluto que va más allá de nuestra mirada y que excede los límites de la naturaleza. Es la entrega sincera y honesta de un sentimiento que dura para toda la vida; es el sentimiento que les permite a los hombres soportar las cargas y resistir los embates más fuertes de la vida.
Ahora bien, el amor puede ser visto de múltiples formas. Para muchos es el sentimiento que nos permite tener afecto e inclinación hacia una persona o una cosa a la que se le desea todo lo bueno; para otros, quizás sea una competencia o un sentimiento de intensa atracción emocional y sexual, hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común. El amor también puede concebirse como un sentimiento infinito, que va más allá de la vida y perdura incluso después de la muerte y aunque quede en el recuerdo de quien lo vivió y lo disfrutó ten la plena seguridad que es inviolable e impoluto.
Recuerda esto:
El amor no tiene edad.
No se sabe cuándo comienza.
No se sabe cuándo termina.
Es tan ciego, que se entrega infinitamente sin esperar que le retribuyas todo lo que te da, sin saber si eres blanco, negro o mestizo.
No te ve, pero sabe que eres tú.
Es tan sincero que cuando te sientes enamorado, vives en la complacencia, en la satisfacción y en la entrega.
No reconoce el daño, sólo la intensidad del sentimiento.
Es imaginarte toda la vida con alguien, es el viento que no existe, pero te abriga con su suave brisa; es el temblor del cuerpo, la mirada suspicaz, la cosquilla en el cuerpo, cuando sientes que es la persona ideal a pesar de sus defectos.
Simplemente el amor no tiene cabeza.
Te invito, entonces, amigo lector, a que reflexiones sobre estas definiciones de amor y al mismo tiempo quisiera impulsarte a que construyas la tuya y te detengas en el decreto que te muestro a continuación.
Vivo el amor, como las aguas del mar a la arena que, aunque no pertenecen el uno para el otro, simplemente son indispensables y se unen por cuestión del destino.
Gracias Bendigo el bien. HR
